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Artrosis de rodilla: tratamientos, ejercicios y opciones para aliviar el dolor

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo

La artrosis de rodilla, también conocida como osteoartritis, es la forma más frecuente de artritis y afecta aproximadamente a 528 millones de adultos en todo el mundo.

Aunque suele relacionarse con el envejecimiento o el desgaste de las articulaciones, se trata de una enfermedad que compromete toda la estructura de la rodilla, incluidos el cartílago, el hueso, los ligamentos, los tendones y los músculos que la rodean.

El dolor, la rigidez y las dificultades para caminar o subir escaleras pueden afectar considerablemente la calidad de vida. Sin embargo, existen distintas alternativas para controlar los síntomas, conservar la movilidad y retrasar el deterioro funcional.

De acuerdo con las recomendaciones de una especialista en reumatología, el tratamiento debe adaptarse a las necesidades de cada paciente, ya que no existe una solución única ni un medicamento capaz de curar la enfermedad.

¿Cuáles son los síntomas y cómo se diagnostica?

En las primeras etapas, la artrosis de rodilla suele manifestarse mediante dolor o molestias durante actividades cotidianas, como caminar, levantarse de una silla o subir escaleras.

Conforme avanza la enfermedad, el dolor puede hacerse más constante y presentar episodios de mayor intensidad, conocidos como brotes. También pueden aparecer rigidez, limitación del movimiento y dificultades para realizar actividades habituales.

El diagnóstico generalmente puede realizarlo un médico de atención primaria, aunque algunos pacientes requieren valoración por especialistas en reumatología, medicina deportiva u ortopedia.

Es importante distinguir la artrosis de la artritis reumatoide. Mientras que la primera es una enfermedad que afecta a diferentes estructuras de la articulación, la segunda es una enfermedad autoinmunitaria en la que el sistema inmunitario provoca inflamación y daño articular. Por ello, sus tratamientos son diferentes.

Las radiografías y las resonancias magnéticas pueden ayudar a evaluar la articulación, pero no siempre son necesarias para establecer el diagnóstico. Además, el grado de deterioro observado en las imágenes no necesariamente coincide con la intensidad del dolor: algunas personas presentan desgaste avanzado y mantienen una buena capacidad funcional.

Ejercicio y fisioterapia: pilares del tratamiento

La actividad física es una de las medidas más importantes para conservar la movilidad y reducir las limitaciones provocadas por la artrosis.

Aunque la recomendación general para los adultos es realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, algunas personas con dolor de rodilla necesitan comenzar con periodos más cortos y aumentar gradualmente la duración y la intensidad.

Caminar puede ser un buen punto de partida. No es indispensable acudir a un gimnasio ni realizar ejercicios intensos para obtener beneficios.

La fisioterapia también puede ayudar a diseñar un programa individualizado que incluya:

Fortalecimiento muscular: mejora el soporte de la articulación y ayuda a reducir las limitaciones relacionadas con la debilidad.

Ejercicio aeróbico: favorece la salud cardiovascular y el bienestar general.

Movilidad y flexibilidad: contribuyen a conservar el rango de movimiento.

Entrenamiento del equilibrio: ayuda a mejorar la estabilidad y la función física.

El fisioterapeuta también puede recomendar recursos como rodilleras, vendajes funcionales o bastones para modificar la distribución de las cargas sobre la articulación.

Control del peso y su relación con la artrosis

El sobrepeso y la obesidad son factores asociados con un mayor riesgo de desarrollar artrosis de rodilla y pueden incrementar la carga mecánica que soporta la articulación.

Por esta razón, en personas con exceso de peso se recomienda buscar una reducción gradual y sostenible, que puede contribuir a disminuir el dolor y mejorar la movilidad.

También se han estudiado medicamentos para bajar de peso, como la semaglutida, cuyos resultados iniciales sugieren posibles beneficios adicionales sobre el dolor y la función de la rodilla. Sin embargo, todavía es necesario conocer mejor sus efectos y riesgos a largo plazo en pacientes con artrosis.

Tratamientos no quirúrgicos para controlar el dolor

Cuando el ejercicio y otras medidas no son suficientes, pueden considerarse medicamentos y tratamientos locales.

Antiinflamatorios no esteroideos (AINE)

Medicamentos como el ibuprofeno y el naproxeno se encuentran entre las opciones recomendadas para aliviar el dolor y la inflamación. Sin embargo, pueden provocar efectos adversos gastrointestinales, renales y cardiovasculares, por lo que no son adecuados para todas las personas.

En pacientes que no pueden tomar estos medicamentos por vía oral, el diclofenaco tópico puede ser una alternativa. Al aplicarse sobre la piel, una menor cantidad del medicamento llega a la circulación general, lo que reduce algunos riesgos asociados con su administración oral.

Otros tratamientos tópicos

La lidocaína, la capsaicina y determinados parches también pueden utilizarse para aliviar el dolor en algunos pacientes. La capsaicina requiere precaución: después de aplicarla es importante evitar el contacto con los ojos y otras zonas sensibles.

Infiltraciones de corticoides

Las inyecciones de corticoides dentro de la articulación, conocidas como infiltraciones de cortisona, pueden considerarse cuando otros tratamientos no proporcionan suficiente alivio.

Aunque suelen administrarse en el consultorio, requieren medidas para reducir riesgos como infección, sangrado o dolor posterior al procedimiento.

Algunos estudios han planteado la posibilidad de que las infiltraciones repetidas aceleren el deterioro del cartílago. Por ello, deben valorarse individualmente y evitar su aplicación frecuente sin una indicación clara. La especialista señala que suelen considerarse cuando se respetan intervalos de al menos tres meses.

Duloxetina

Este medicamento, utilizado también para tratar la depresión, puede ayudar a algunas personas con dolor crónico persistente. Su prescripción requiere revisar los demás medicamentos que utiliza el paciente para prevenir interacciones.

¿Cuándo se recomienda una cirugía de reemplazo de rodilla?

La prótesis de rodilla puede considerarse cuando el dolor persiste a pesar de haber probado tratamientos conservadores y afecta significativamente la calidad de vida.

La decisión debe tomarse junto con el cirujano ortopédico, valorando los beneficios esperados, los riesgos de la intervención y la disposición del paciente para realizar rehabilitación después de la operación.

En cambio, no todas las lesiones detectadas mediante resonancia magnética requieren cirugía.

Por ejemplo, los desgarros de menisco pueden aparecer junto con otros cambios propios de la artrosis. Sin embargo, la meniscectomía parcial artroscópica, procedimiento que retira una parte del menisco, no ha demostrado mejores resultados a largo plazo que la fisioterapia en pacientes con artrosis de rodilla.

Por este motivo, no se recomienda realizar esta intervención de manera rutinaria para tratar la artrosis.

Terapias complementarias y alternativas

Algunas personas buscan opciones adicionales para controlar el dolor o mejorar su bienestar. Entre las alternativas que pueden complementar el tratamiento convencional se encuentran:

Yoga y taichí, que también pueden favorecer la flexibilidad y el equilibrio.

Masajes.

Acupuntura.

Terapia cognitivo-conductual con un profesional.

La ablación por radiofrecuencia es otra posibilidad para determinados pacientes con dolor persistente que no han obtenido suficiente alivio con otros tratamientos o que no desean someterse a una cirugía. Este procedimiento utiliza calor o frío para interrumpir la transmisión de señales dolorosas a través de determinados nervios de la rodilla.

No obstante, la disponibilidad, el costo y la cobertura médica pueden limitar el acceso a algunas de estas opciones.

Tratamientos que no cuentan con suficiente evidencia

No todos los productos y procedimientos que se promocionan para la artrosis han demostrado beneficios clínicos importantes.

Las guías mencionadas por la especialista desaconsejan varias opciones que no han mostrado resultados superiores al placebo en ensayos clínicos, entre ellas:

Inyecciones de ácido hialurónico.

Suplementos de glucosamina y condroitina.

Suplementos de vitamina D en personas sin una deficiencia que justifique su uso.

Aceite de pescado como tratamiento específico para la artrosis.

Tampoco se recomienda el uso de tratamientos inmunológicos dirigidos a enfermedades como la artritis reumatoide para tratar la artrosis.

Por otro lado, el plasma rico en plaquetas y las terapias con células madre todavía carecen de evidencia suficiente para establecer protocolos estandarizados de dosis y aplicación.

La cúrcuma es otro producto de interés por sus posibles propiedades antiinflamatorias. Algunas recomendaciones clínicas contemplan su uso, aunque todavía no existe suficiente claridad sobre la dosis óptima y sus beneficios a largo plazo.

Alimentación y artrosis: ¿qué papel tiene la dieta?

Una alimentación equilibrada puede contribuir al control del peso y favorecer la salud general, especialmente porque muchas personas con artrosis también presentan enfermedades cardiovasculares y otros problemas crónicos.

La dieta mediterránea es una alternativa que prioriza frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, aceite de oliva y pescado.

Además, algunos estudios han encontrado una relación entre una alimentación baja en fibra y mayores niveles de dolor de rodilla o peores resultados en personas con artrosis. Por ello, aumentar el consumo de alimentos ricos en fibra podría aportar beneficios para la salud metabólica y cardiovascular, aunque no constituye una cura para la enfermedad.

En general, cualquier tratamiento complementario debe evaluarse según sus resultados. Si después de varios meses no produce una mejoría perceptible, conviene reconsiderar su continuidad para evitar gastos y esfuerzos innecesarios.

Un tratamiento individualizado puede mejorar la calidad de vida

La artrosis de rodilla no tiene una cura farmacológica definitiva, pero existen distintas estrategias para controlar sus síntomas y conservar la funcionalidad.

El ejercicio, la fisioterapia, el control del peso y los medicamentos seleccionados según las características de cada paciente constituyen la base del tratamiento. En casos avanzados, la cirugía puede ser una alternativa cuando las medidas anteriores no ofrecen suficiente alivio.

La clave está en establecer objetivos realistas junto con los profesionales de salud y combinar las opciones que mejor respondan a las necesidades de cada persona.

 

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