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Alimentación emocional: por qué el estrés y las emociones pueden llevar a comer

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Comer puede generar una sensación momentánea de alivio cuando una persona atraviesa estrés, tristeza o ansiedad. Sin embargo, ese efecto suele ser transitorio.

La llamada alimentación emocional ocurre cuando se recurre a la comida como respuesta a determinadas emociones, en lugar de hacerlo principalmente por hambre física.

Es un comportamiento relativamente frecuente y no necesariamente representa un problema. La preocupación aparece cuando comer se convierte en uno de los principales mecanismos para manejar o regular las emociones.

Además, no se trata simplemente de una cuestión de fuerza de voluntad. El estrés puede activar el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, un sistema involucrado en la respuesta del organismo ante situaciones de amenaza. En algunas personas, esta respuesta puede aumentar el apetito y favorecer el consumo de alimentos con alta densidad energética; en otras, puede provocar una disminución del apetito o incluso hacer que se omitan comidas.

Una revisión y metaanálisis que reunió 54 estudios y cerca de 120 mil adultos sanos encontró una asociación pequeña, pero consistente, entre el estrés y un mayor consumo de alimentos. También identificó una tendencia a elegir con mayor frecuencia alimentos considerados menos saludables y a reducir el consumo de opciones más nutritivas, aunque los resultados no fueron iguales en todas las personas.

Las emociones negativas pueden hacer más atractiva la recompensa inmediata

Estados como ansiedad, tristeza, aburrimiento o soledad pueden incrementar el atractivo de alimentos que proporcionan una sensación rápida de gratificación.

Investigaciones recientes plantean que las emociones negativas pueden modificar la forma en que el cerebro procesa las recompensas y disminuir temporalmente la importancia que se concede a objetivos de salud a largo plazo al momento de decidir qué comer.

Esto puede ayudar a explicar por qué comer produce una sensación de alivio casi inmediata, aunque no significa que todas las personas respondan al estrés de la misma manera.

Además, el estrés emocional puede afectar el control inhibitorio y hacer que las señales relacionadas con la comida resulten más llamativas.

Por ello, reconocer qué emoción está presente, qué ocurrió antes de comer y en qué contexto aparece la conducta puede ser un primer paso para identificar un patrón de alimentación emocional.

Comer por motivos emocionales no significa necesariamente tener un trastorno alimentario

La alimentación emocional puede presentarse ocasionalmente y, por sí sola, no constituye un diagnóstico de trastorno alimentario.

El trastorno por atracón implica episodios recurrentes en los que se consume una cantidad de comida inusualmente grande en un periodo determinado y existe una sensación de pérdida de control sobre la ingesta.

En la bulimia nerviosa, además de los episodios de atracones, aparecen conductas compensatorias como vómitos provocados, utilización de laxantes o ejercicio excesivo.

Las guías clínicas también señalan que el índice de masa corporal no debe utilizarse de manera aislada para determinar si una persona requiere tratamiento.

Cambios importantes o rápidos de peso, restricciones alimentarias persistentes, atracones, conductas de purga, una preocupación excesiva por el peso o la imagen corporal y aislamiento social pueden ser señales que justifican una evaluación profesional.

Las dietas demasiado restrictivas pueden mantener el ciclo

Después de un episodio de sobreingesta, algunas personas intentan compensarlo mediante dietas muy estrictas, ayunos o la eliminación de determinados grupos de alimentos.

Sin embargo, estas estrategias pueden aumentar el hambre física y mantener una preocupación constante por la comida, lo que puede facilitar nuevos episodios de pérdida de control.

Por esta razón, las guías para el tratamiento del trastorno por atracón desaconsejan utilizar las dietas destinadas exclusivamente a perder peso como estrategia durante el tratamiento, ya que pueden contribuir a mantener el ciclo de atracón y restricción.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025, que reunió 47 estudios y 6,729 participantes con sobrepeso u obesidad, encontró que distintas intervenciones dirigidas específicamente a la alimentación emocional se asociaron con una disminución de este comportamiento.

Entre las herramientas estudiadas se encontraron el registro de conductas, la revisión de objetivos personales y la reflexión sobre los valores y metas de cada persona. Los autores, sin embargo, señalaron que todavía se necesitan más investigaciones para determinar qué componentes son más efectivos.

El tratamiento busca desarrollar nuevas formas de manejar las emociones

El objetivo del tratamiento no consiste simplemente en prohibir determinados alimentos. La terapia cognitivo-conductual puede trabajar sobre los factores que desencadenan la alimentación emocional, los pensamientos relacionados con la comida y la necesidad de mantener horarios de alimentación regulares.

En adultos con trastorno por atracón, las guías clínicas recomiendan inicialmente programas de autoayuda guiada. Cuando estos no son adecuados o no producen resultados suficientes, pueden utilizarse intervenciones de terapia cognitivo-conductual, tanto individuales como grupales.

Las estrategias basadas en mindfulness, aceptación y regulación emocional también pueden utilizarse como complemento. Estas herramientas pueden ayudar a identificar las emociones y pensamientos que preceden a la ingesta, aunque no sustituyen una valoración profesional cuando existen atracones recurrentes, conductas compensatorias, deterioro físico o un malestar psicológico importante.

En conjunto, la alimentación emocional no debe interpretarse simplemente como falta de disciplina. Identificar el vínculo entre emociones, hambre y conducta alimentaria permite intervenir sobre el problema de una manera más amplia, especialmente cuando comer se ha convertido en la principal forma de afrontar el estrés o el malestar.

 

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