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9 formas de conservar alimentos antes del refrigerador

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo

Antes de que existieran los refrigeradores, las sociedades tuvieron que desarrollar distintas estrategias para mantener los alimentos durante semanas o incluso meses.

Para lograrlo, recurrieron a recursos disponibles en su entorno, como el sol, la sal, el humo, el vinagre, el azúcar, la fermentación, el hielo y las bajas temperaturas naturales.

Estos métodos permitieron enfrentar temporadas de escasez, conservar excedentes de las cosechas y transportar alimentos durante largos viajes. Algunos continúan utilizándose en la actualidad, aunque con procedimientos más controlados para garantizar su seguridad.

1. Secaban carne, pescado y frutas al sol

El secado es una de las técnicas de conservación más antiguas. Al retirar buena parte del agua de los alimentos, se dificulta la reproducción de muchos microorganismos responsables de su deterioro.

Diversas culturas deshidrataban al sol y mediante la circulación del aire productos como carne, pescado, frutas y verduras. Para facilitar el proceso, los alimentos podían cortarse en piezas delgadas y colocarse en lugares secos y ventilados.

Las pasas, los higos secos y algunos chiles deshidratados son ejemplos de productos que siguen consumiéndose actualmente mediante esta técnica. Sin embargo, la humedad, los insectos y una manipulación inadecuada podían afectar su conservación.

2. Cubrían la carne y el pescado con sal

La sal fue durante siglos uno de los principales recursos para prolongar la vida útil de alimentos perecederos. Se aplicaba directamente sobre carnes y pescados o se utilizaba para preparar salmueras.

Al disminuir la cantidad de agua disponible para muchos microorganismos, la sal dificulta su crecimiento. El pescado salado fue especialmente importante para comunidades costeras y embarcaciones que necesitaban alimentos durante largos recorridos.

La eficacia dependía de factores como la concentración de sal, el tiempo de curado y las condiciones posteriores de almacenamiento. Además, estos productos podían aportar cantidades elevadas de sodio.

3. Ahumaban los alimentos sobre el fuego

El ahumado permitió conservar principalmente carnes y pescados, al mismo tiempo que les proporcionaba un sabor y aroma característicos.

Los alimentos se exponían al humo producido por la combustión controlada de madera. Dependiendo de la técnica, el proceso podía combinarse con calor, secado o cocción. La eliminación parcial de humedad y algunos componentes del humo contribuían a dificultar el crecimiento de determinados microorganismos.

La técnica resultaba especialmente útil para aprovechar excedentes de caza, pesca o sacrificio de animales. Sin embargo, el ahumado por sí solo no garantiza que un alimento sea completamente seguro.

4. Fermentaban verduras

La fermentación permitió transformar y conservar verduras mediante la acción controlada de microorganismos. Una de las técnicas más utilizadas consistía en colocar los vegetales en salmuera o mezclarlos con sal.

Durante el proceso, determinadas bacterias producen ácidos orgánicos que modifican el sabor y generan un ambiente menos favorable para muchos microorganismos que provocan el deterioro.

El chucrut, los pepinillos fermentados y el kimchi son ejemplos de alimentos que surgieron de distintas tradiciones culinarias. Además de prolongar su conservación, la fermentación permitía aprovechar cosechas abundantes.

5. Conservaban frutas con miel y azúcar

La miel fue utilizada desde la antigüedad para preparar y conservar determinados alimentos. Posteriormente, el azúcar permitió desarrollar técnicas como las confituras, jaleas y frutas confitadas.

Cuando se encuentra en concentraciones elevadas, el azúcar reduce el agua disponible para muchos microorganismos y puede ayudar a prolongar la conservación.

En distintas culturas mediterráneas antiguas se preparaban frutas cocidas con miel. Con el tiempo, estas prácticas evolucionaron hacia productos similares a las conservas y mermeladas actuales. Sin embargo, una preparación con azúcar o miel no necesariamente es segura para conservarse indefinidamente a temperatura ambiente.

6. Sumergían alimentos en vinagre o salmuera

El encurtido fue otra estrategia para conservar principalmente vegetales. Algunas preparaciones utilizaban vinagre, cuya acidez dificulta el crecimiento de numerosos microorganismos, mientras que otras recurrían a la fermentación en salmuera.

Pepinos, coles y otras verduras podían conservarse de esta manera para consumirlas fuera de la temporada de cosecha.

Los métodos basados en sal y fermentación también fueron empleados para elaborar productos como salsas de pescado fermentado. Actualmente, los encurtidos continúan siendo comunes en muchas cocinas, aunque la seguridad depende de las proporciones utilizadas, el procedimiento y las condiciones de almacenamiento.

7. Guardaban tubérculos y otros alimentos bajo tierra

No todos los métodos requerían transformar los alimentos. También se aprovechaban cuevas, sótanos y espacios subterráneos para almacenarlos en condiciones relativamente frescas y estables.

Las llamadas bodegas de raíces permitían conservar productos como papas, zanahorias y nabos durante más tiempo. La oscuridad también ayudaba a evitar algunos cambios indeseables, como el reverdecimiento de las papas.

El éxito de este sistema dependía del clima, la humedad, la ventilación y las características del lugar. Aunque no proporcionaba las mismas condiciones que un refrigerador, permitía prolongar considerablemente el almacenamiento de determinadas cosechas.

8. Aprovechaban el hielo y la nieve

En regiones con inviernos fríos, la nieve y el hielo se utilizaban para mantener los alimentos a bajas temperaturas. Posteriormente, algunas sociedades construyeron depósitos aislados donde almacenaban bloques de hielo recolectados durante los meses más fríos.

Estos sistemas permitían conservar alimentos y bebidas durante parte del año y fueron precursores de las hieleras domésticas utilizadas antes de la expansión del refrigerador eléctrico.

Su eficacia dependía del clima, de la disponibilidad de hielo y de la capacidad para evitar que se derritiera rápidamente. Además, mantener un alimento frío ralentiza el deterioro, pero no significa que pueda conservarse indefinidamente.

9. Preparaban alimentos secos y concentrados para largos periodos

Otra estrategia consistía en preparar alimentos con muy poca humedad que pudieran transportarse y almacenarse durante largos periodos.

Un ejemplo es el hardtack, una especie de galleta marinera elaborada con ingredientes sencillos y horneada hasta eliminar gran parte de su humedad. Fue utilizada como provisión durante viajes marítimos y campañas militares, aunque podía endurecerse considerablemente y requería remojarse antes de consumirla.

Los cereales y las legumbres secas también podían almacenarse durante largos periodos cuando se mantenían protegidos de la humedad y las plagas.

En conjunto, estas técnicas muestran cómo las sociedades anteriores a la refrigeración aprovecharon principios que todavía son fundamentales para conservar alimentos: reducir la humedad, controlar la temperatura, aumentar la acidez, utilizar sal o azúcar y limitar la exposición a microorganismos.

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