Tos infantil persistente: Causas, tipos y cuidados básicos

La tos en los niños es uno de los motivos más frecuentes de consulta tanto en urgencias como en pediatría.
Aunque suele asociarse a infecciones respiratorias de corta duración, este reflejo tiene una función fundamental: despejar las vías respiratorias y eliminar secreciones acumuladas en los bronquios y en las zonas superiores del sistema respiratorio.
Este mecanismo se pone en marcha cuando ciertos receptores ubicados a lo largo del tracto respiratorio perciben irritaciones de tipo químico, mecánico o infeccioso.
Una vez que se activan, envían señales a través de los nervios vago y laríngeo hacia el tallo cerebral, encargado de coordinar las cuatro etapas de la tos: inspiración, contracción, compresión y expulsión.
En los niños, las causas de este síntoma varían según su intensidad y duración. Aproximadamente el 20% se debe a infecciones de vías respiratorias altas; cerca del 50% a asma, bronquitis asmática con broncoespasmo o infecciones broncopulmonares; y alrededor del 12% al reflujo gastroesofágico. Cuando la tos persiste por más de tres semanas, se clasifica como tos prolongada o crónica.
Los expertos distinguen principalmente dos tipos: la tos seca, irritativa y ligada a molestias en faringe o laringe, y la tos húmeda o productiva, más propia de problemas bronquiales. Esta diferenciación facilita el manejo clínico y permite que las familias entiendan mejor el proceso.
Aunque no siempre se puede evitar la tos en la infancia, sí hay medidas que pueden disminuir su frecuencia. Una de las recomendaciones más importantes es no fumar dentro de la casa, ya que la exposición al humo aumenta el riesgo de infecciones respiratorias en los menores. También se recuerda que la mayoría de los tratamientos para la tos deben ser indicados por un pediatra y que, después de una infección, es normal que el síntoma permanezca varios días o incluso semanas.
Si la tos afecta el descanso, provoca vómitos o resulta muy molesta, podría ser necesario usar medicamentos. Mantener al día las vacunas y evitar espacios cerrados y con poca ventilación también ayuda a prevenir problemas respiratorios. El frío, por sí mismo, no origina tos.
Mientras se consigue atención médica, se recomienda limpiar las fosas nasales con suero fisiológico en caso de congestión, asegurar que el ambiente tenga una humedad adecuada —sobre todo al acostarse— y ofrecer líquidos con frecuencia para facilitar la eliminación del moco. Además, es importante vigilar la temperatura y la respiración del niño para identificar posibles complicaciones.
Hay señales que requieren atención inmediata. La tos debe ser evaluada de urgencia si se acompaña de dificultad respiratoria evidente, respiración rápida o entrecortada, uso de músculos del cuello o del abdomen para respirar, o movimientos marcados de las costillas. El dolor en el pecho, fiebre alta, debilidad notable o irritabilidad continua también son motivos para una valoración rápida.
Otros signos de alarma incluyen la aparición de coloración azulada en labios o rostro, la tos posterior a un atragantamiento con comida —como frutos secos— o pequeños objetos, así como problemas para tragar o beber. Ante cualquiera de estas situaciones, se debe acudir de inmediato a un servicio de urgencias.
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