Quince años de espera frente a una puerta cerrada

Han pasado 15 años y todavía desconoce dónde está su hijo
Quince años pueden cambiar una vida, pero no el amor de una madre que sigue buscando respuestas.Rosy persignó a su hijo antes de verlo partir. Lo encomendó a la Virgen y, con ese presentimiento que solo una madre parece entender, le pidió que no hiciera aquel viaje a Nuevo Laredo. Algo en su corazón le advertía que podía ocurrir una desgracia.
Pero Nelson Iván Castro Barrera tenía que ir
Con 29 años, una vida por delante y una carrera profesional que comenzaba a despegar como superintendente de la empresa Gunderson. Aquella mañana del 30 de julio de 2011 salió de su casa, en la colonia El Pueblo, acompañado de su suegro Sergio García Castillo, reconocido contador de Altos Hornos de México; sus cuñados Sergio Edmundo García Penilla y Diego Armando García Penilla, además de Julio, amigo de los hermanos.
Los cinco hombres emprendieron un viaje que parecía cotidiano
Su intención era llegar a Nuevo Laredo para comprar un automóvil y realizar algunas compras en Estados Unidos. Llevaban dinero, documentos y la certeza de que regresarían ese mismo día, ninguno volvió.

La última despedida
Antes de que salieran, Rosy había preparado taquitos para el camino, pensaba que serían menos, pero al saber que finalmente viajarían cinco hombres, se preocupó porque quizá la comida no alcanzaría.Nelson antes de salir de la casa le pidió una aspirina. Ella aprovechó aquel instante para regañarlo porque la noche anterior se había desvelado durante una reunión. Él simplemente sonrió, tomó la aspirina, abrazó a su madre y salió por aquella puerta. Ese abrazo se convirtió en el último recuerdo que Rosy conserva de su hijo. Desde entonces, aquella misma puerta permanece ligada a una esperanza: la de volver a verlo cruzarla algún día.

El silencio que comenzó aquel día.
Las horas pasaron y el teléfono de Nelson no contestó, su esposa comenzó a llamarlo, mientras las familias de los otros cuatro hombres hacían lo mismo. Nadie respondía. La preocupación se convirtió rápidamente en desesperación. Al día siguiente, los familiares viajaron a Nuevo Laredo para buscarlos, recorrieron hospitales, bases militares y distintos lugares donde pensaban que podían encontrarlos, intentaron saber incluso si habían sido detenidos, pro no había rastro.
Después acudieron ante las autoridades y presentaron denuncias en Monclova, Saltillo y México, esperando que alguna investigación pudiera llevarlos hasta ellos, pero el tiempo comenzó a avanzar sin respuestas.Con los días y los meses aparecieron versiones sobre posibles avistamientos, les dijeron que los cinco hombres podían haber sido vistos en Piedras Negras, Saltillo, San Pedro de las Colonias y otros lugares.

Las familias fueron detrás de cada pista, una de las que más recuerdan ocurrió en Anáhuac, Nuevo León. Les informaron que cinco hombres habían sido vistos cerca de un OXXO y que supuestamente acababan de llevarse a cinco personas en un automóvil blanco. La familia viajó hasta el lugar, habló con autoridades y siguió las indicaciones que recibió, también acudieron a Laredo para intentar conseguir imágenes de cámaras de seguridad, sin embargo, cuando llegaron, había pasado demasiado tiempo y los registros ya habían desaparecido.Cada pista parecía abrir una puerta y cada vez, esa puerta terminaba cerrándose sin respuestas.
Nelson no es un expediente, para Rosy, Nelson nunca será solamente un nombre dentro de una carpeta de investigación, es su único hijo. Es el niño que creció en aquella casa de la colonia El Pueblo, el joven que jugaba fútbol con sus primos y vecinos y el hombre que desde muy pequeño aprendió a trabajar para salir adelante.Lo recuerda tranquilo, cariñoso y profundamente unido a su esposa y a sus dos pequeñas hijas, que tenían apenas dos años y cinco meses cuando desapareció. Por eso, cuando habla de él, también habla de todo lo que se perdió aquel 30 de julio.

No solamente desapareció un hijo, también desapareció un esposo y el padre de dos niñas que tuvieron que aprender a crecer con una ausencia que nunca pudieron comprender completamente.La desaparición de Nelson dejó una huella profunda en sus hijas, la mayor atravesó una depresión durante su infancia. La menor creció sin recuerdos de su padre. Hoy las dos han crecido, una estudia Enfermería en la universidad y la otra cursa la preparatoria. Rosy tuvo que encontrar fuerzas para ayudarlas a salir adelante junto con su esposo. Para ella, cuidarlas también significa conservar vivo el amor que Nelson dejó en ellas.

La fe la ayudó a levantarse.
Los primeros nueve meses fueron especialmente dolorosos para Rosy, cayó en una profunda depresión. Dejó de comer, de dormir y hasta de bañarse, sentía que no podía disfrutar de la vida mientras desconociera qué había ocurrido con su hijo, incluso llegó a sentirse culpable cuando reía. Con el tiempo, su fe se convirtió en refugio, asegura que fue Dios quien le dio fuerzas para levantarse cuando sentía que ya no podía soportar más, sus nietas también se convirtieron en una razón para continuar, aprendió a seguir viviendo y eso no significaba olvidar a Nelson sino seguir luchando por él.

Quince años sin una respuesta.
Han pasado 15 años y todavía desconoce dónde está su hijo, no tiene la certeza de que continúe con vida, pero tampoco existe una prueba que le permita aceptar que murió, por eso mantiene la esperanza. Mientras no exista una razón que le indique lo contrario, espera encontrarlo vivo, pero también sabe que, si Nelson ya no está con vida, necesita encontrarlo para conocer su destino y tener un lugar donde visitarlo, porque la incertidumbre también duele. Lamenta no existe un cuerpo que sepultar, una tumba que visitar ni una verdad que permita cerrar una historia, solo queda esperar.

Buscar a Nelson también es buscar a otros
La historia de su hijo llevó a Rosy a convertirse en madre buscadora e integrarse al colectivo Juntos en Acción por Nuestros Desaparecidos Región Centro, ahí encontró a otras familias que viven una espera parecida, aprendió que la búsqueda no puede hacerse en soledad y que cada persona localizada representa una victoria para todas las familias que continúan buscando, por eso pide que los desaparecidos no sean vistos como cifras. Detrás de cada nombre existe una historia, una familia, sueños, fotografías, abrazos y personas que todavía esperan.
Rosy quisiera que la sociedad pudiera imaginar, aunque fuera por un instante, lo que significa perder a un hijo sin saber qué ocurrió con él, cuando se pierde un objeto, se busca hasta encontrarlo, pero un hijo no es un objeto, es una vida que nació del vientre de una madre, alguien que dejó recuerdos, fotografías, abrazos y una silla vacía en la mesa.Quince años después, Rosy continúa caminando con la misma pregunta que nació aquel 30 de julio de 2011: ¿Dónde está Nelson?Aquella mañana lo persignó, lo encomendó a la Virgen y le pidió que no fuera, hoy, con lágrimas en los ojos y la fe puesta en Dios, sigue esperando que algún día su único hijo vuelva a cruzar aquella puerta por la que salió hace 15 años, una puerta que para Rosy nunca dejó de estar abierta.

Este 20 de septiembre, Monclova se convirtió en punto de partida de una nueva Búsqueda Nacional en Vida, en la que madres buscadoras y colectivos de al menos 17 estados se unieron para recorrer la Región Centro de Coahuila en busca de sus seres queridos. La jornada, impulsada por colectivos como Juntos en Acción por Nuestros Desaparecidos, Búsqueda Nacional en Vida y Voz que Clama Justicia por Personas Desaparecidas, contempla visitas a centros penitenciarios, de rehabilitación, refugios y otros espacios donde pudiera existir información sobre personas desaparecidas.
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