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Las zonas grises de la reforma electoral

Raúl Rodríguez Cortés
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Hay un precepto constitucional crucial cuya permanencia o derogación esclarecerá hasta el próximo lunes -cuando se conozca a detalle la iniciativa de reforma electoral que la presidenta Sheinbaum entregará ese día al Congreso- si las enmiendas propuestas, como alega la oposición, favorecen electoralmente a Morena al limitar la representación de las minorías para alzarse como partido de Estado a un alto costo para la democracia; o que solo pretenden, como alega el gobierno, ordenar procesos, eliminar privilegios partidistas y disminuir el alto costo de los comicios, como lo exigió la ciudadanía con su voto en 2024.

El adelanto del contenido de la iniciativa que presentó Sheinbaum el pasado miércoles 25 de febrero no específica si entre las varias enmiendas que propone para el artículo 54 constitucional -que es el que determina la forma de asignación de los diputados plurinominales- se anulan o prevalecen los dos límites marcados para evitar la sobrerrepresentación: 1. Que ningún partido puede contar con más de 300 diputados por los dos principios (mayoría y representación proporcional); y 2. Que ningún partido podrá tener un porcentaje de curules que exceda en más de ocho puntos porcentuales la votación nacional emitida que le correspondió.

Si dichos límites se mantienen, se infiere que queda garantizada la representación de las minorías.

La iniciativa, por otra parte, respeta la actual composición de la Cámara de Diputados (300 de mayoría relativa y 200 de representación proporcional), pero propone cambiar la forma de designar a estos últimos.

Ya no sería, como ocurre ahora, mediante listas discrecionalmente dictadas por las dirigencias partidistas para cada una de las cinco circunscripciones plurinominales en que está dividido el país, para que de acuerdo con cantidad de votos obtenidos y con la aplicación de fórmulas de cociente natural y resto mayor, previstas en la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, se asignen a los primeros lugares de esas listas.

De ese modo llegaron, entre muchos otros, Alejandro Moreno Cárdenas del PRI, Ricardo Anaya y Marko Cortés del PAN, Manuel Velasco del Verde, Alberto Anaya del PT y Adán Augusto López y Gerardo Fernández Noroña.

Lo que se propone es mantener la fórmula como se designan los 200 diputados plurinominales de acuerdo con la proporción de votos que obtuvo cada partido, pero que salgan a buscar el voto. De tal manera, 97 serían los que no resultaran ganadores, pero obtuvieran el mejor segundo lugar (diputados de primera minoría), 95 los que vayan a votación directa en una lista por circunscripción y partido político, eligiendo un hombre y una mujer; y ocho que serían mexicanos residentes en el extranjero (representantes de la diáspora mexicana).

“Se trata de transitar hacia un modelo en el que la pluralidad política no sea resultado de acuerdos internos partidistas, sino expresión directa de la voluntad popular”, explicó Pablo Gómez, cabeza de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral.

La propuesta de diputados de minoría es la que, en todo caso, podría traer efectos favorecedores al partido en el poder, actualmente a Morena. Esto tiene que ver con la elevada preferencia electoral que aun muestra el partido guinda en las encuestas, lo que garantiza, casi automáticamente, que donde pierda será segundo lugar y se alzará con más curules.

En el caso del Senado se propone eliminar los 64 plurinominales que existen actualmente y dejar su composición en 64 lugares de mayoría relativa (dos por cada estado) y 32 de primera minoría (uno por estado) lo que llevaría a recuperar -asegura la iniciativa el carácter original de la cámara alta que es el de la representación del pacto federal.

¿Y el PREP y el INE?

Llamó la atención el miércoles pasado una proposición de la iniciativa de reforma electoral que no se había referido: la desaparición del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP). La presidenta Sheinbaum argumentó así: “la idea es que no tiene por qué no empezarse a contar ya, el conteo distrital… si empiezas en la noche del domingo, día de la elección, ya con el conteo distrital, pues tendrás los resultados también de la mayoría de los distritos al día siguiente sin tener que esperar al miércoles para iniciar el conteo distrital”.

Esta propuesta es parte de las medidas que se pretenden aplicar para disminuir 25 por ciento el elevado costo de los procesos electorales.

El PREP, en efecto, inicia su conteo la noche de la elección y a la mañana siguiente cierra con un avance significativo. Lo mismo ocurriría si el conteo distrital iniciara el domingo en la noche. La argumentación sobre la medida es lógica. Sin embargo, debe considerarse la secular desconfianza ciudadana en las elecciones y en el caso de esta propuesta de reforma electoral aplicar el dicho popular de “no hagas cosas buenas que parezcan malas” o de plano quedarnos con aquel de “piensa con malicia y acertarás”

Recuérdese que el PREP se aplicó por primera vez en 1994, tras el nacimiento del IFE ya integrado por consejeros ciudadanos, pero aún presidido por el secretario de Gobernación, en ese entonces Jorge Carpizo.

Desde las elecciones de 1988 veníamos con la desconfianza de la “caída del sistema” y el fraude electoral del PRI para ungir ese año a Carlos Salinas de Gortari. Con la reforma electoral de 1993 se buscó reconstruir la confianza. El PREP fue parte de esa pretensión: mostrar que los votos se iban contando transparentemente y marcando una tendencia. Eliminarlo incide precisamente en la confianza del electorado por más que sean impecables los argumentos de que se puede iniciar el conteo la misma noche de la elección (inclusive en tiempo real) y tener claras las tendencias a la mañana siguiente, sin menoscabo de los conteos rápidos que hasta donde se sabe seguirán siendo una herramienta que no se elimina en la propuesta electoral de Sheinbaum.

Entre las varias propuestas para la reducción de hasta 25 por ciento del gasto electoral, además de las aplicadas a las prerrogativas de los partidos políticos, están las que se harán en el INE.

La pregunta es si esos ajustes afectarán la capacidad, la operación y la imparcialidad del INE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Por lo pronto no se conocen cambios que incidan en la conformación e integración de los órganos electorales, como se había dicho en la propuesta original de AMLO. De manera que el nombre e integración del INE con once consejeros, así como la forma de elegirlos vía la cámara de Diputados, se mantienen. En el caso del TEPJF también parece que se mantiene el número de magistrados que conforman la Sala Superior, pero ya sujetos a la elección vía voto popular que se aprobó con la reforma judicial.

Habrá que ver si los detalles de la iniciativa incluyen cambios al respecto.

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