Hoteleros resisten la cuesta de enero con baja ocupación

Ante la baja llegada de visitantes, hoteleros del centro de Monclova enfrentan gastos fijos, se reinventan y buscan proteger su patrimonio mientras esperan la recuperación.
El primer mes del año ha sido especialmente complicado para los hoteles de la zona centro de Monclova. La llamada “cuesta de enero” tiene el panorama de extenderse más de lo habitual y, de acuerdo con empresarios del sector, ya suman al menos dos meses con una ocupación considerablemente baja tomando en cuenta diciembre del 2025. Este escenario ha obligado a los hoteleros a operar muy por debajo de lo ideal, mientras enfrentan gastos fijos que no se detienen, como el pago de servicios básicos.
Raúl Flores Villarreal, gerente del hotel Noruega Inn, ubicado en la zona centro de Monclova, explicó que actualmente el índice de hospedaje ronda apenas el 30 por ciento, un nivel que resulta insuficiente para cubrir de manera holgada los costos de operación. Detalló que lo ideal para un hotel es mantener al menos un 50 por ciento de ocupación, ya que solo así se pueden solventar adecuadamente gastos como luz, agua, internet y telefonía, que representan los mayores desembolsos mensuales.

Ocupación por debajo del punto de equilibrio.
El gerente del Noruega Inn reconoció que la baja afluencia en enero es, hasta cierto punto, una situación recurrente; sin embargo, en esta ocasión se ha visto acentuada por factores externos que vienen arrastrándose desde años anteriores. “Ahorita por ser inicio de año está baja la ocupación, estamos sinceramente entre un 30 por ciento, y sí es baja”, señaló.
Gastos que no se detienen.
A pesar de la baja ocupación, los gastos continúan llegando puntualmente. Flores Villarreal subrayó que el pago de servicios como la energía eléctrica y el agua representa una de las mayores presiones financieras. Indicó que, cuando reciben grupos que se hospedan por varios días, el consumo se incrementa considerablemente, llegando a pagar hasta casi 10 mil pesos únicamente en recibos de luz. A esto se suman otros compromisos fijos como internet, teléfonos y mantenimiento general del inmueble.
Eventos deportivos como alivio parcial.
Uno de los pocos factores positivos en este inicio de año ha sido la realización anticipada de torneos deportivos municipales. A diferencia del año pasado, cuando estas competencias comenzaron hasta marzo, en este 2026 algunos eventos iniciaron desde enero. Flores Villarreal destacó que torneos como el de voleibol juvenil generaron algo de ocupación adicional, aunque aclaró que no todos los eventos tienen el mismo impacto, como ocurrió con el torneo de tiro con arco, que dejó poca derrama hotelera.
Impacto arrastrado desde 2020.
El gerente del Noruega Inn recordó que la situación crítica no es nueva para el sector. Desde 2020, primero con la pandemia de COVID-19 y posteriormente con la caída de la actividad industrial vinculada a Altos Hornos de México (AMSA), la ocupación hotelera se redujo de manera drástica. “Antes teníamos mucha ocupación de trabajadores que venían a dar servicios a otras empresas; eso bajó aproximadamente un 70 por ciento”, explicó, señalando que el impacto ha sido profundo y prolongado.

Reinventarse para sobrevivir.
Ante este panorama, los hoteles del centro de Monclova han tenido que ingeniárselas para atraer clientes. Flores Villarreal comentó que una de las estrategias ha sido ofrecer las habitaciones bajo esquemas alternativos, como renta tipo Airbnb o departamentos por estancias más largas. Además, han optado por ajustar tarifas, reduciendo precios durante el inicio del año. Actualmente, el costo de una habitación en el Noruega Inn es de 700 pesos por noche para una o dos personas.
Visión del sector hotelero estatal.
Desde una perspectiva más amplia, Armando de la Garza Gaytán, secretario general de la Asociación Mexicana de Hoteles y Hospedaje en Coahuila A.C., señaló que enero no fue tan negativo para todos los hoteles, gracias a la llegada de al menos tres eventos deportivos de larga estancia. Indicó que el sector cerrará el mes con una ocupación cercana al 48 por ciento, cifra superior al promedio habitual de Monclova, que oscila entre el 35 y 38 por ciento.
Ajustes operativos.
De la Garza Gaytán coincidió en que el 50 por ciento de ocupación es el punto de equilibrio para el sector, mientras que con un 60 por ciento se podría pensar en crecimiento. No obstante, destacó que la hotelería ha aprendido a ser resiliente, operando incluso por debajo de esos niveles mediante ajustes internos, como el uso de personal multifuncional.
“Nos hemos ido acoplando para poder funcionar operativamente”, afirmó.
Expectativas para los próximos meses.
Aunque existe expectativa en algunos sectores por una eventual subasta de AMSA, los hoteleros se muestran cautelosos. Mientras el dirigente empresarial considera que este tema ya no genera impacto real en la hotelería, Flores Villarreal mantiene la esperanza de que una reactivación industrial permita atraer nuevamente a empresas de servicios y, con ello, una mayor derrama económica. Por ahora, los hoteles del centro continúan resistiendo, adaptándose y buscando alternativas para sortear una de las etapas más complejas del año.
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