Guerra, guerra y más guerra
Jean MeyerLa guerra rusa contra Ucrania que va para cuatro años, acaba de rebasar en duración a la segunda guerra mundial tal como la vivieron los soviéticos, de fines de junio 1941 al 9 de mayo de 1945; la dizque tregua en Gaza empezó después de dos años de la guerra israelí contra los palestinos de Gaza y, ahora, de Cisjordania; Sudán vive una nueva tragedia humanitaria mientras que el gigantesco Congo sigue en el corazón de las tinieblas y hay más y más guerras en curso y en cierne. Y nos preparamos a vivir el año 26 como el de la Copa del Mundo…
El 1 de octubre de 1800, Fiodor Rostopshin, el futuro patriota que incendiaría Moscú contra Napoleón, escribió al zar Pablo I: “Rusia, tanto por su situación, como por su fuerza inagotable, es y debe ser la primera potencia del mundo”. Eso se repite Vladímir Putin cada mañana, cuando pregunta al espejo quién es el más fuerte. Eso remite al admirable ensayo de Benjamín Constant sobre el espíritu de conquista: “Es inagotable, el vocabulario de la hipocresía y de la injusticia. Ciertos gobiernos, cuando mandan a sus legiones de un polo al otro, hablan todavía de la defensa de sus hogares; parece que llaman hogares todos los lugares a los cuales prenden fuego.”
Y Putin dijo: “donde el soldado ruso puso el pie, está Rusia”. “El conquistador”, prosigue Constant, “verá que presumió demasiado de la degradación del mundo. Aprenderá que los cálculos fundados en la bajeza y la inmoralidad, esos cálculos que celebraba entonces como un sublime descubrimiento, son tan inciertos como estrechos, tan engañosos como innobles. Para conocer a los hombres, no basta con despreciarlos”.
Putin despreció a los ucranianos. Grandísimo error. Putin es ruso, pero Tolstoi también. Hitler es austriaco, Mozart también. Un día, el tren en el cual viaja Tolstoi cruza un tren de soldados encargados de reprimir a los campesinos que defendían su bosque comunal. Su resistencia es legítima, la ruda represión no lo es y Tolstoi escribe: “Por primera vez en mi vida, el azar me hizo testigo de un hecho cuya brutal realidad me enseñó, con total evidencia, lo que había visto netamente en teoría: que nuestra organización social no está establecida, como gustan decirlo los hombres interesados a mantener tal cual el orden actual, sobre bases jurídicas, sino sobre la violencia la más grosera, sobre el asesinato y el suplicio” (1893). La Rusia de 2026, después de 25 años de Putinato, se encuentra en una situación muy semejante.
El sueco Andreas Umland, profesor asociado de la Universidad de Kyiv-Mohyla, escribe a su vez que el conflicto mundial actual opone las autocracias a las democracias y que no se trata de un “choque de civilizaciones” como lo formuló hace más de treinta años Samuel Huntington. Él pensaba en una guerra entre eslavos ortodoxos y musulmanes de Asia central; jamás hubiera imaginado una “guerra ortodoxa”, entre dos pueblos cristianos y eslavos, como lo son rusos y ucranianos.
Huntington quedaría estupefacto frente a la alianza entre la Rusia ortodoxa, el Irán musulmán, Corea del Norte y China, contra la Ucrania cristiana ortodoxa. Tal alianza no tiene una base cultural, sino, como lo demuestra Michael McFaul, de Stanford, en su Autocrats vs. Democrats: China, Russia, America and the New Global Disorder, un denominador común político. Muy clarividente, McFaul pone a Donald Trump en el equipo de los autócratas. Contraprueba: ¿Quién ayuda (de manera bien deficiente, peor es nada) a la Ucrania democrática? Las democracias de la Unión Europea (menos la Hungría del autócrata Orban), Canadá, Australia.
Lo que nos lleva a subrayar cuánta razón tiene la historiadora estadounidense Marci Shore, especialista del totalitarismo en Europa del Este y proucraniana; se fue a Canadá, con su esposo Timothy Snyder, el autor de Tierras de sangre, porque piensan que el fascismo ha entrado a la Casa Blanca. Por cierto, T. Snyder comparó hace unos días las redadas decretadas por Trump contra los inmigrados, ilegales como legales, a las realizadas contra los judíos en Alemania en 1938.
Columna: Cinco minutos con Pilar... SANTA CLAUS VS. REYES MAGOS
Antes que nada, mi solidaridad con el Pueblo Venezolano. Yo fui de Reyes Magos, pues es que nací en “la Capital”, lo mismo nos pasó a la mayoría de los niños que nacimos desde la línea de San Luis Potosí, hacia el Sur de la República Mexicana. Y, los que tuvimos formación -- leer más
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