Especialista: 'salario mínimo en PN es un derecho protegido'

ACTUALMENTE la diferencia frente al resto de México no es casual ni arbitraria: responde a condiciones económicas, sociales y legales específicas que hacen inviable reducirlo u homologarlo a la baja.
Las recientes declaraciones del alcalde de Piedras Negras, en las que señaló que la ciudad “no es atractiva para los inversionistas por los altos sueldos”, encendieron la preocupación entre trabajadores y familias de la región,quienes temen que este discurso pueda traducirse en una eventual reducción del salario mínimo en la frontera norte.
El salario mínimo en la Zona Libre de la Frontera Norte, que incluye a Piedras Negras, es actualmente uno de los más altos del país. Esta diferencia frente al resto de México no es casual ni arbitraria: responde a condiciones económicas,sociales y legales específicas que hacen inviable reducirlo u homologarlo a la baja, advierten especialistas en materia laboral.2019.
El Gobierno federal estableció un salario mínimo diferenciado para los municipios fronterizos con Estados Unidos,con el objetivo de compensar el mayor costo de vida, la competencia directa con el mercado laboral estadounidense y la presión inflacionaria derivada del comercio transfronterizo.
En el caso de Piedras Negras, esta política ha tenido un impacto directo en el ingreso de miles de familias trabajadoras, así como en la dinámica económica local.
La visión técnica: un salario protegido por la ley.
Para Jorge Mario Abascal Hernández, economista laboral y exasesor técnico de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI),la discusión sobre reducir el salario mínimo en la frontera parte de un error conceptual.
“El salario mínimo de la frontera norte noes una concesión política ni un obstáculo para la inversión; es un derecho adquirido con base en el principio de progresividad laboral. En términos legales y constitucionales, no se puede bajar,porque implicaría una regresión en los derechos de los trabajadores”, explica.
El artículo 123 de la Constitución y la Ley Federal del Trabajo establecen que el salario debe ser suficiente para cubrir las necesidades básicas de una familia y que ningún ajuste puede ir en sentido contrario al bienestar ya alcanzado.
“Homologar el salario de Piedras Negras al del resto del país significaría ignorar su realidad fronteriza. Aquí los precios,las rentas, los servicios y hasta los alimentos están influenciados por el dólar. Bajar el salario sería empujar a más personas a la informalidad o a buscar empleo del otro lado de la frontera”, advierte.
El especialista considera preocupante que se atribuya la falta de inversión únicamente al nivelsalarial.
“El problema no es el salario mínimo. Los inversionistasanalizan infraestructura, seguridad jurídica, logística, capacitación y certeza institucional. Ajustar el salario a la baja solo trasladael costo de la falta de competitividad al trabajador”, puntualiza.
Incertidumbre social tras las declaraciones oficiales.
Las palabras del alcalde generaron inquietud entre la población trabajadora, que percibe el salario mínimo fronterizo como un piso de subsistencia, no como un privilegio. En redes sociales y conversaciones cotidianas, muchos habitantes expresaron temor a que el discurso oficial abra la puerta a decisiones que afecten directamente su economía familiar.
El impacto real en la vida cotidiana.
Para los trabajadores, el salario mínimo fronterizo no es una cifra abstracta, sino una diferencia tangible en su día a día.María Elena Rodríguez, empleada de una tienda de autoservicio en Piedras Negras y madre dedos hijos, lo resume con claridad.
¿Qué pasaría si se reduce?
Los expertos coinciden en que una reducción del salario mínimo en Piedras Negras tendría efectos negativos inmediatos: caída del consumo, aumento de la informalidad, mayor rotación laboral y un deterioro del tejido social. Además, políticamente representaría un retroceso en la estrategia nacional de recuperación salarial impulsada en los últimos años. En este contexto, la discusión pública no debería centrarse en presentar el salario mínimo como un freno a la inversión, sino en cómo construir un modelo económico.
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