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Entrevista con Silvia Valles

Especialista y atleta.

Entrevista : Especialista y atleta.
Gilberto Ortiz
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¿Cómo recuerda su infancia en Piedras Negras?

“Yo nací el 28 de enero de 1978 en Piedras Negras, Coahuila. Mis padres llegaron a esta ciudad después de casarse; ellos eran de Durango, así que crecí lejos de la mayor parte de mi familia. Básicamente éramos mis papás, mi hermano mayor y una prima de mi papá que siempre me hacía sentir especial. Desde niña entendí que no sobresalía naturalmente en nada. No era la más bonita ni la más inteligente, tampoco la mejor deportista. Además, tenía una voz muy baja y para que me escucharan tenía que decir algo realmente interesante. Ahí descubrí que, si quería destacar, debía estudiar más, entrenar más y esforzarme más que los demás”.

¿Cuándo comenzó a tomar decisiones importantes sobre su futuro?

“Muy joven. Siempre tuve gustos distintos y aprendí rápido que debía decidir entre pertenecer o seguir mis sueños. En preparatoria, todas mis amigas eligieron programación para permanecer juntas, pero yo quería estudiar laboratorio clínico. Eso significaba quedarme sola, pero decidí serme fiel. Elegí lo que realmente quería y terminé encontrando nuevas amistades sin perder a las de siempre”.

¿También enfrentó dudas al elegir carrera universitaria?

“Sí. Mi sueño era estudiar Químico Clínico Biólogo, pero mucha gente me aconsejaba escoger una carrera más sencilla porque decían que muy pocos terminaban esa licenciatura. También me advertían que quizá alguien con menos estudios terminaría siendo mi jefe. Aun así decidí seguir adelante. Entré a la Facultad de Medicina en Monterrey y tuve que estudiar muchísimo, pero logré graduarme en tiempo y forma, sin reprobar materias”.

¿Cómo fue la etapa de especialización?

“Después hice la especialidad en hematología, probablemente la etapa más difícil de mi vida académica. Ya estaba casada y durante ese tiempo nació mi primer hijo. Más adelante cursé una maestría en administración y luego, ya de regreso en Piedras Negras, inicié junto con mi padre un doctorado en alta dirección. Fuimos parte de la primera generación de doctores graduados en la ciudad”.

¿Cómo llegó al proyecto del banco de sangre?

“Recuerdo haber escuchado por radio al doctor Adalberto Peña de los Santos hablando sobre la necesidad de crear un banco de sangre para la región. En ese tiempo muchas personas morían porque no existía esa infraestructura. Lo llamé, me entrevistó y después me llevó a conocer las instalaciones. Cuando abrió la puerta prácticamente era una bodega vacía. Había que empezar desde cero”.

¿Qué retos enfrentaron?

“Muchísimos. Yo era una mujer joven, sin experiencia laboral y recién llegada a la ciudad, intentando explicarles a médicos de muchos años que ciertas prácticas debían cambiar. Queríamos implementar la medicina transfusional, algo totalmente nuevo para la región. Eso implicaba modificar procesos médicos y romper costumbres muy arraigadas. Hubo resistencia política, cultural y económica, pero seguimos adelante porque la idea principal era clara: sangre segura para todos”.

¿Qué significa para usted ver los resultados de ese trabajo?

“Mucho orgullo. Fueron años de muchísimo estrés, pero también de grandes aprendizajes. Poco a poco se creó una red de donadores voluntarios y una coordinación entre hospitales públicos y privados. Hoy la región tiene más de cinco años sin muerte materna por hemorragia, algo muy importante como indicador de salud”.

¿Cuándo comenzó su relación con el deporte?

“El deporte empezó como una forma de liberar estrés. Yo convivía constantemente con situaciones difíciles en el hospital y correr me ayudaba emocionalmente. Al principio mis metas eran pequeñas: terminar una carrera de 5 kilómetros sin caminar o simplemente no llegar al último lugar. Después vinieron los 10 kilómetros y luego los medios maratones”.

¿Cómo nació el sueño del triatlón?

“Yo veía ciclistas y pensaba que las bicicletas de ruta eran solo para profesionales. Empecé a ver triatlones y maratones en internet y parecían imposibles para alguien de mi edad. Entonces entendí que debía actuar como la persona que quería ser. Empecé a entrenar como atleta aunque todavía no me sintiera una. Cambié hábitos, alimentación y prioridades. Así me animé a correr mi primer ultramaratón de 50 kilómetros”.

¿Qué fue lo más difícil?

“Aprender a andar en bicicleta de ruta. La natación se me facilitaba porque de niña nadaba bien, pero pedalear era otra historia. Iba a rodadas para principiantes y siempre me quedaba atrás. Recuerdo que una vez unos amigos y yo decidimos salir media hora antes que el resto del grupo para no retrasarlos… y aun así llegamos al final. Ahora lo recordamos con cariño”.

¿Cuándo sintió que realmente podía competir?

“En una carrera en Monterrey llamada Gran Fondo Nueva York. La meta terminaba subiendo Chipinque y para mi sorpresa llegué antes que todos los ciclistas de mi ciudad. Ahí pensé por primera vez: ‘Sí puedo ganar carreras’”.

¿Qué representó clasificar al Mundial Ironman?

“Mi meta nunca fue clasificar; solo quería terminar un Ironman. Participé en el Ironman 70.3 de Monterrey y logré clasificar al Mundial de 2023 en St. George, Utah. Fue algo que jamás imaginé cuando apenas podía correr 5 kilómetros”.

¿Qué disfruta más actualmente?

“Hoy disfruto muchísimo correr en montaña. Después de recorrer rutas increíbles en bicicleta y competir en distintas pruebas, entendí que lo más valioso del deporte no son las medallas, sino descubrir que muchas veces los límites solo existen en nuestra mente”.

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