Entrevista a Baldo Rodríguez

El fútbol americano me enseñó disciplina y carácter
El fútbol americano se ha convertido en una disciplina cada vez más popular en la frontera norte de México. Detrás de muchos proyectos deportivos hay historias personales marcadas por la migración, el esfuerzo familiar y la identidad bicultural. Tal es el caso de un entrenador que hoy impulsa este deporte entre jóvenes, pero cuya historia comenzó mucho antes, entre fábricas maquiladoras, mudanzas y sueños que cruzaron la frontera.A continuación, presentamos una conversación con este entrenador, quien comparte su historia, sus motivaciones y su visión sobre el fútbol americano como herramienta de formación.
Entrenador, para comenzar, ¿podría contarnos un poco sobre su origen y su infancia? “Yo nací en Piedras Negras, Coahuila, pero mi historia realmente empieza antes de eso. Mis padres son originarios de Ciudad Juárez, Chihuahua. Ellos emigraron a la frontera hace muchos años buscando trabajo en las maquiladoras, como muchas familias en esa época. Fue una decisión difícil, pero gracias a eso encontraron estabilidad. Cuando nací, mis padres ya estaban establecidos en Piedras Negras y ahí fue donde pasé mis primeros años”.
¿Cómo recuerda esa etapa de su niñez en la frontera? “La recuerdo con mucho cariño. Piedras Negras es una ciudad muy trabajadora, muy de gente luchadora. Mis padres trabajaban largas jornadas en la maquila y aun así siempre encontraban tiempo para nosotros. Yo crecí viendo ese ejemplo de esfuerzo. No teníamos lujos, pero sí muchos valores: disciplina, respeto y trabajo duro”.
En algún momento su vida cambió cuando se mudó a Estados Unidos. ¿Cómo ocurrió eso? “Sí, cuando yo era todavía joven surgió la oportunidad de mudarnos a Dallas, Texas. Fue un cambio grande para toda la familia. Mis padres pensaron que allá habría más oportunidades laborales y educativas para nosotros. Al principio fue complicado porque llegas a otro país, otro idioma, otra cultura, pero poco a poco nos fuimos adaptando”.
¿Fue en Dallas donde comenzó su relación con el fútbol americano? “Exactamente. Antes de eso yo realmente no tenía contacto con ese deporte. En Dallas el fútbol americano es parte de la cultura. En la escuela era prácticamente imposible no sentir curiosidad por él. Veías los partidos los viernes por la noche, la emoción de los estudiantes, la comunidad apoyando al equipo. Todo eso me llamó muchísimo la atención”.
¿Recuerda el momento en que decidió que quería formar parte de ese mundo? “Sí, lo recuerdo perfectamente. Un amigo me invitó a entrenar con el equipo de la escuela. Yo no sabía mucho, pero desde el primer entrenamiento me atrapó. Me gustó la disciplina, la estrategia, el compañerismo. Me di cuenta de que no era solo un deporte, era una escuela de vida. Desde ese momento supe que el fútbol americano iba a ser algo importante para mí”.
¿Jugó durante varios años? “Sí, jugué durante mi etapa escolar y después seguí involucrado en el deporte. No todos llegan a ser jugadores profesionales, pero eso no significa que el camino termine ahí. Con el tiempo descubrí que también tenía vocación para enseñar, para formar equipos, para motivar a otros”.
¿Cuándo nació la idea de convertirse en entrenador? “Fue algo que surgió poco a poco. Mientras jugaba, siempre me gustaba ayudar a los compañeros más jóvenes o explicar jugadas. Mis propios entrenadores notaron eso y me decían que tenía habilidades para dirigir. Con el tiempo entendí que podía aportar más formando jugadores que solo jugando”.
¿Qué representa para usted el fútbol americano más allá del deporte? “Para mí representa disciplina y carácter. El fútbol americano te enseña que nadie gana solo, que cada posición es importante y que el trabajo en equipo es fundamental. También te enseña a levantarte después de una caída, algo que aplica tanto dentro como fuera del campo”.
¿Cómo influyen sus raíces fronterizas en su forma de entrenar? “Influyen muchísimo. Yo vengo de una familia trabajadora, de padres que cruzaron ciudades y fronteras buscando un futuro mejor. Eso me enseñó a no rendirme. Cuando entreno a jóvenes trato de transmitirles esa mentalidad: que las circunstancias no definen tu destino si estás dispuesto a esforzarte”.
¿Qué mensaje le da a los jóvenes que quieren practicar este deporte? “Les digo que lo intenten sin miedo. El fútbol americano no solo forma atletas, forma personas. Aprendes respeto, responsabilidad y liderazgo. Además, abre muchas oportunidades académicas y personales”.
Mirando hacia atrás, ¿qué siente al recordar el camino que lo llevó hasta aquí? “Siento agradecimiento. Agradecimiento por mis padres, por las oportunidades que tuvimos y por cada persona que influyó en mi camino. Si algo he aprendido es que los sueños pueden empezar en cualquier lugar: en una ciudad fronteriza, en una familia trabajadora o en una escuela de barrio. Lo importante es tener la determinación para perseguirlos".
¿Cuál es su mayor meta como entrenador? “Mi mayor meta es que cada joven que pase por el equipo entienda que el talento abre puertas, pero la disciplina las mantiene abiertas. Quiero que comprendan que el éxito no depende solo de una buena jugada o de un partido ganado, sino de la constancia diaria, del respeto a sus compañeros y del compromiso con sus propios objetivos.Aspiro a que salgan del campo con algo más que habilidades deportivas: que desarrollen liderazgo, responsabilidad y confianza en sí mismos. Si alguno de ellos, en unos años, enfrenta un reto académico, laboral o personal y recuerda que aprendió a no rendirse en un entrenamiento bajo el sol".
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