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El abuelo que se niega a quedarse quieto: Don Chevo, 60 años de lucha y una razón para seguir adelante

Entrevista
Edith Gámez
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A sus 60 años, enfrenta una nueva vida, pero el amor por sus nietos y sus ganas de trabajar lo mantienen en pie.

Para Don Chevo, ser abuelo llegó como una nueva razón para levantarse cada mañana. A sus 60 años, con una vida que cambió de manera inesperada y una silla de ruedas que ahora forma parte de sus días, decidió que quedarse en casa no era una opción. Entre mazapanes, calles conocidas y el esfuerzo de cada jornada, Eusebio Fernando Rangel Banda encuentra en sus nietos la alegría que le recuerda que todavía hay mucho por delante.

Un abuelo que encontró una nueva razón para sonreír

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Don Chevo tiene 60 años, 2 hijas y 4 nietos, pequeños que llegaron para transformar su manera de mirar la vida. Sus nietos tienen edades de que no pasan de 4 años, por lo que él mismo se considera prácticamente un abuelo nuevo. Cada vez que habla de ellos, la dureza de sus días parece hacerse a un lado y aparece la sonrisa de un hombre que disfruta profundamente esa nueva etapa.

Sus nietos son alegría en medio de las dificultades

Para Eusebio Fernando Rangel, mejor conocido como Don Chevo, ser abuelo significa alegría. Lo dice desde una perspectiva sencilla, sin grandes discursos, porque para él los niños simplemente forman parte de esa felicidad que llegó con su familia. Los observa jugar, los recuerda cuando sus propias hijas eran pequeñas y encuentra en ellos una especie de continuidad de todo aquello que construyó durante su vida.

Una vida que cambió de golpe

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Hasta hace unos meses, Don Chevo estaba acostumbrado a mantenerse activo, a trabajar y a moverse de un lado a otro. Todo cambió en abril de este año, cuando una lesión en una pierna terminó complicándose y lo llevó a enfrentar una realidad completamente distinta. El accidente ocurrió después de golpearse con un alambre mientras realizaba sus actividades; al principio pensó que se trataba de algo menor, pero la situación se agravó y terminó requiriendo atención médica y una intervención que cambió su movilidad tras la amputación de una de sus piernas, esto derivado de una diabetes que desconocía.

Aprender a vivir de otra manera

Adaptarse no ha sido sencillo. Don Chevo reconoce que ha llorado y que todavía batalla para realizar actividades que antes hacía sin pensarlo, como bañarse o preparar sus alimentos. La silla de ruedas representa una de las mayores transformaciones que ha tenido que enfrentar, pero también ha aprendido a apoyarse en su esposa y a aceptar que ahora algunas cosas requieren tiempo, paciencia y ayuda.

Sus hijas quieren verlo descansar, pero él piensa distinto

Sus hijas saben que su padre atraviesa una etapa complicada y han buscado ayudarlo, llevándole algunas cosas cuando pueden. Don Chevo, sin embargo, prefiere que guarden lo que tienen para sus propios hogares, porque sabe que ellas también enfrentan sus propias necesidades. Cuando le piden que deje de salir a trabajar, él responde con una idea que resume su manera de enfrentar la vida: todos los días se come, y para él quedarse encerrado en casa no resuelve las dificultades.

Seguir trabajando también es sentirse útil

Por eso cada mañana vuelve a salir. Su jornada comienza temprano y puede extenderse durante varias horas, dependiendo de cómo marche la venta. Ahora ofrece mazapanes, producto que se ha convertido en su manera de conseguir dinero para comprar alimentos y cubrir las necesidades de su hogar. No siempre vende lo suficiente, pero cada moneda cuenta y cada persona que se acerca representa una oportunidad para regresar a casa con algo más.

Cada mazapán lleva detrás una historia

Don Chevo vende cada mazapán en 10 pesos y explica que algunos días consigue alrededor de 200 o 250 pesos, gracias a las ventas y al apoyo ocasional de personas que lo conocen. Una jornada puede comenzar antes de las ocho de la mañana y avanzar lentamente mientras espera que alguien se acerque. Aun así, permanece ahí, porque para él trabajar no representa únicamente obtener dinero: significa mantenerse en movimiento, convivir con la gente y demostrar que todavía puede salir adelante.

En casa también hay preocupaciones

Detrás de esa voluntad existe una realidad económica difícil. Don Chevo cuenta que necesita reunir dinero para alimentos, mientras su esposa enfrenta sus propias necesidades familiares y de salud. Hay días en que el refrigerador tiene muy poco, por lo que cada venta adquiere un valor distinto. Aun con esas preocupaciones, su pensamiento permanece puesto en resolver el día, comprar lo indispensable y continuar buscando la manera de sostenerse.

El movimiento es parte de quien es

Él ha pasado gran parte de su vida trabajando y manteniéndose activo. Durante años realizó labores físicas, desde pintura y trabajos especializados hasta actividades que exigían desplazarse constantemente. Esa vida de movimiento explica por qué le resulta tan difícil imaginarse sentado en casa esperando que los días pasen. Sus hijas le dicen que antes nunca había necesitado ayuda, y él acepta que llegará un momento en que todos podemos necesitar de alguien, pero se resiste a que esa necesidad determine lo que puede hacer con su vida.

Abuelo para ellos, Don Chevo para todos los demás

Al final, cuando se le pregunta cómo le dicen sus nietos, la respuesta es sencilla: abuelo. Y quizá ahí está la parte más poderosa de su historia. Don Chevo no sabe cuánto tiempo le tomará adaptarse a esta nueva vida, ni cuánto tendrá que esforzarse para alcanzar la estabilidad que busca, pero sí sabe que tiene motivos para continuar. Tiene cuatro pequeños que lo esperan, una familia que intenta acompañarlo y una voluntad que todavía lo empuja cada mañana a salir. Para él, mientras pueda moverse, vender sus mazapanes y regresar a casa con algo para compartir, todavía hay una razón para seguir adelante.

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