El Tiempo de Monclova 🔍

OPINIÓN Columna Monclova Piedras Negras Carbonífera Saltillo Torreón Seguridad

Cinco minutos con Pilar... No debo hablar en clase

Columna
María del Pilar García
comparte facebook comparte X comparte WhatsApp comparte Telegram

No debo hablar en clase, escribirlo 100 veces era el castigo. Ya había tocado el timbre de salida, pero Miss Georgina de 2do. de Primaria advirtió que nadie podía salir hasta que no termináramos. En silencio, las 52 niñas del salón de clase, apuradas, escribíamos sin parar. De pronto, Mary Loli Janeiro, hija de españoles, chiquita, menudita, rubia, peinado de trencitas, con voz delgadita, empezó a llorar. Miss Georgina se apresuró a consolarla: —"¿Qué tienes, por qué lloras?"— Mary Loli con vocecita temblorosa: -“Es que, yo no hablo en clase, me duelen las manos de tanto escribir. “Ya tocó el timbre y mi Mamá me está esperando” -¡Fue a la única que dejaron salir! ¡Justicia! Me decía a mis adentros. Yo “Pili García”, tampoco hablaba en clase, y era bien portada.

Era lo que vivíamos en mi aclamada Alma Máter Guadalupe, Colegio de Monjas Benedictinas Norteamericanas de origen irlandés de la CDMX. Como alumnas, nos pasaban muchas cosas, porque los Maestros eran muy estrictos, pero cada uno nos formó en algo.  Haciendo un comparativo, los Maestros en la actualidad, tienen un gran reto frente al grupo de clase. Les comparto:

“La Directora era Miss Esperancita”, similar a Benito Juárez: saco y falda, en tonos pastel, rosa, azul, amarillo verde; la falda muy por debajo de la rodilla. Peinado corto, aretes pequeños, zapatos negros, tacón grueso. Recibía a las alumnas a la entrada, éramos un mundo de niñas, imaginen si en cada salón éramos 52 de cada grado de 3 grupos. A, B, y C, y eso, solo la Primaria. A la Miss Esperancita en su papel de Directora de Primaria, nunca la vi sonreír. Recorría el patio enorme de la Primaria y los corredores de las dos plantas del edificio. Eso sí, muy derecha.

Mi mamá nos la ponía de ejemplo, por eso a mi hermana Marisol, le hacía cruzar sus bracitos en un gancho de ropa, por la espalda, y la hacía caminar por la casa para que no se hiciera jorobada, y le decía:-¡Marisol, camina derecha como Miss Esperancita!, ¡enderézate!-

La Directora General era “La Mother Milderd”, siempre estaba en su oficina, solo hacía acto de presencia en las ceremonias de Honores a la Bandera, o en eventos con los Padres de Familia. Una vez tomando yo agua en el bebedero del patio, sentía una mirada pesada a mis espaldas, ¡era La Mother Mildred!, alta como “La Giganta” (escultura del escultor mexicano, José Luis Cuevas); de cabello gris, tez rosada, lentes redondos, blusa blanca de manga larga, chaleco de estambre y falda a cuadros, crucifijo al pecho. Con voz enérgica me saludó: —¡Hi, good morning! —…Yo respondí: —¡Good morning, Mother Mildred! —…Me fui huyendo a mi salón de clases, no sé si de emoción o de miedo.

Colegio exigente, pero de buen nivel académico. En 3ero. “A” de Primaria Mr. Richard Craig y Miss Betty eran los Profesores de Inglés. Todas estábamos enamoradas de Mr. Richard, joven, guapetón y trajeado, si, era rubio. Dientes perfectos, sobre todo cuando decía: - ¡ Girls, repeat after me! ¡ t e e t h ! (dientes). Y enseñaba toooda su dentadura… y tooodas suspirábamos. Miss Betty, joven de ideas innovadoras, nos enseñaba el idioma con los éxitos del momento: “The Carpenters”, con la canción “Close tu you” (Cerca de ti), “Tie A Yellow Ribbon Round The Old Oak Tree” (Ata un listón amarillo, al viejo roble), del grupo Dawn interpretada por Tony Orlando, “You have a friend”, con Carole King, etc.

4to. “A” de Primaria. Me tocó Miss Emmita, (cincuenta tantos años), chiquita y regañona, gustaba dar la clase de español, con una regla enorme de madera en las manos, niña que no respondiera, soltaba el tablazo en el pupitre…aún me duelen los oídos.

5to. “A” de Primaria…. La terrible Miss Luchita (Cuarenta y tantos años). Si con Miss Emmita sufríamos un poquito, imaginen Miss Luchita. ¿Recuerdan las partes de una división?: Dividendo, divisor, cociente y residuo. A miss Luchita le encantaba poner en el pizarrón divisiones grandes. Tanto al dividendo como al divisor con muchos números. El salón temblaba, más cuando pasaron al frente a Carmelita de la Vega. Con voz de gendarme: - ¡Carmen de La Vega, pase al frente, y resuelva la División! Carmelita pasó muy nerviosa, le temblaban las manos… un minuto, dos minutos, y seguía paralizada. Miss Luchita gritó: - “¿Que pasó De La Vega? ¿Aún no resuelve?”, “¿No sabe sumar, multiplicar o dividir?” - ... Carmelita de la Vega no se movía, atónita miraba al pizarrón sosteniendo el gis. Otro minuto más…Mis Luchita, ya desesperada, sacudió a la niña, - “¡Hey De La Vega!, ¡razone, aplíquese y resuelva!” – de tanto zarandearla, la sacó del suéter que traía puesto, la inocente niña cayó al piso. Las manos de Mis Luchita se quedaron con el suéter de su alumna y en el pizarrón, una división sin resolver.

Al Profesor Leopoldo de Música, le debo el conocimiento de instrumentos tan importantes como el acordeón, con él afinábamos nuestras voces, para los conciertos del 10 de Mayo, en verdad que fue muy paciente y, sin regañarnos, hacía que pusiéramos atención en su clase. Como complemento, era requisito en todas las escuelas, llevar una flauta, como parte de la formación musical. Eso me ayudó a la lectura del pentagrama, en clave de sol. Así encontró su vocación el gran flautista mexicano, reconocido internacionalmente, Horacio Franco, a quien, por cierto, tuve el honor de presentar, como Maestra de Ceremonias, en nuestra Ciudad de Monclova, cuando nos dio algunos conciertos.

Desde que la Miss de Geografía, (ella siempre arreglada de peinado alto, traje sastre y collar de perlas) en una clase nos hablara de la cantidad de cuerpos celestes que viajaban en el espacio, y de la posibilidad remota de que nos cayera un meteorito en la cabeza, siempre que salgo de mi casa, hasta la fecha, volteo al cielo, a ver si no me cae uno.

Me pudiera ir en secuencia con la secundaria hasta llegar al Primer año de Preparatoria, en este Colegio que fue parte de mi Vida. Marcó mi infancia, adolescencia y parte de mi juventud. Me despido con el Profesor Vega de Física. De 1.80 de estatura, de bigote y abundante cabellera, talla prominente, por especificar mejor, “obeso”, no tanto como el economista y politólogo Agustín Guillermo Carstens Carstens, que, según me cuenta mi amiga Paulina Loyo, que tomaba clase con él, en el ITAM (Instituto Tecnológico Autónomo de México), era tan obeso, que tenía que entrar de lado al salón de clase, de frente no cabía. Bueno, pues el Profesor Vega de Física sí cabía por la puerta del salón.

Nunca olvidaré la clase acerca de la energía. «La energía no se crea ni se destruye»: principio fundamental que tiene implicaciones profundas del universo y en nuestra vida cotidiana. Hablaba sobre el porqué algunas imágenes o sonidos del pasado, se pueden volver a reproducir, si las condiciones son las mismas en el momento en las que se produjeron. De ahí la razón de las apariciones, o fantasmas. Desde entonces a mí no me espanta nada de eso. Si escucho voces en mi casa, o veo una silueta pasar, cuando estoy sola… me digo ¡ah! es producto de la física. Lo genial de este Profesor es que cuando había un movimiento telúrico, o sea, un temblor, muy común en la Ciudad de México, él continuaba su clase como si nada, incluso nos dictaba problemas para resolverlos en ese momento. (Bueno, todo eso antes de los terremotos de 1985).

A todos mis Maestros, los recuerdo con gratitud, todos me enseñaron a no claudicar y esforzarme siempre. Porque en la escuela de la vida, siempre habrá retos que superar.

 

Columna: ¿Y dónde está Rocha Moya?

El paradero del gobernador Rubén Rocha Moya, a una semana de haber solicitado licencia al cargo, por las acusaciones de narcotráfico que le formuló el gobierno de los Estados Unidos, es un misterio. Desde el pasado 2 de mayo, cuando se separó formalmente de sus funciones, -- leer más

Noticias del tema


    Más leído en la semana