Cinco minutos con Pilar... HABLEMOS DE LUCHA LIBRE

Arquitecto Marido y la que escribe, terminábamos de comer la tradicional comida china en el “Hong King”, ubicado en el Barrio Chino, frene a Bellas Artes. El Barrio Chino es emblema de nuestra Capital Metropolitana; a lo largo de sus dos calles principales, hay tres arcos, el primero es: La Pagoda o Arco Chino. El segundo llamado Paifang, cuyas tejas que lo decoran, fueron importadas de China y evocan la “Ciudad Prohibida”. Y El tercer arco, llamado Puerta Luna, su diseño moderno en tono rojo, representa la entrada a la armonía; y cuenta con dos estatuas muy particulares: Perros (o leones) Fu, amuleto de protección contra los ladrones y malas vibras. El techo, está lleno de sombrillas de colores. Cuando puedan visítenlo, y se toman una foto, digna de una postal para el recuerdo.
Lo que en realidad buscábamos, Marido y yo por esas calles, eran tiendas especializadas en Legos. Los legos son piezas de plástico entrelazables que permiten construir una gran variedad de estructuras y objetos, lo cual no encontramos; nos recomendaron una juguetería también china, a unas cuantas cuadras, ubicada en la calle República de Perú, entre República de Brasil y República de Chile; tampoco la encontramos. Pero lo que sí se cruzó en nuestra búsqueda, fue: La majestosa ¡Arena Coliseo!, ¡Mi ilusión desde niña! Confieso que, de mis juguetes preferidos, eran los cuadriláteros, de plástico con sus ligas y sus luchadores, que vendían en el mercado, aún conservo mi colección de máscaras: El Santo, Blue Demon; Rey Misterio, Carístico Dorado.
Mi primer encuentro con la lucha libre en vivo fue cuando me invitó mi amiga la Lic. Carmen Tovar Salazar (aunque fue niña de ballet, también le gustaba la lucha libre), fuimos con su familia en Monclova, cuando luchó Cibernético, ¡fue todo un espectáculo! … (lo bueno, es que nos sentamos hasta arriba en las gradas) ... abajo la gente, se aventaba de todo y gritaban emocionados… ¡CI-BER-NE-TI-COOOO!
Vuelvo a mi relato: Yo no cabía de la emoción, verme de frente a La tradicional Arena Coliseo, ubicada, en lo que se conoce como «El embudo de La Lagunilla”. Tiene su historia. Construida por el empresario de formación militar, Salvador Lutteroth, con 40 mil pesos que ganó en la Lotería Nacional del boleto 4242 para el sorteo del 21 de septiembre de 1934. Recién inaugurada, hubo un incendio, lo que provocó, la demanda de más espectáculos de boxeo y lucha libre y con ello la necesidad de un recinto nuevo, así que vuelve a abrir sus puertas el 2 de abril de 1943; con el enfrentamiento estelar entre el Tarzán López contra El Santo, en donde, por cierto, perdió, El Enmascarado de Plata.
Mi emoción era infinita, grité: -¡Mira Marido! ¡La Arena Coliseo! ¡Vamos! -- -- ¡Cómo crees! ¡Unos señores como tú y yo, con nuestra trayectoria en Monclova…que van a decir! - me increpó. Supliqué, me esperara en el auto, en lo que me metía al cuadrilátero, para tomarme una selfi y ya. Marido torció la boca diciendo…-Ay Pili-- En ese momento, una multitud se formaba en la taquilla para entrar a la función, que estaba por iniciar. Un joven se nos acercó, a ofrecernos estacionamiento y boletos en las primeras filas…yo le supliqué a Marido, que accediera…Marido accedió, con la condición de estar únicamente 20 minutos… acepté sin problema. Cuarta fila del cuadrilátero, (Excelente vista), empiezan a llegar grupos de turistas de todo el mundo, japoneses, españoles, franceses, estadounidenses, chinos, argentinos, chilenos, etc. por supuesto la crema y nata de la mexicanidad. Familias con sus hijos y parientes de todas las edades y las clases sociales. Es lo que me encanta de nuestra gran capital, la diversidad, todos mesclados en la misma fila. Se escuchaban, gritos, risas, conversaciones en todos los idiomas, entre vendedores de dulces, algodones de azúcar, palomitas, refrescos, cerveza, etc. Esos 20 minutos de advertencia, se convirtieron en dos horas y media.
El ambiente de la Arena Coliseo es único, ni en las Vegas es tan animado. Entre las filas de cada lado del cuadrilátero, hay un gritón, que hace alarde de su arte literario con su tan variado léxico. (Hasta las palabras altisonantes o sea groserías, las dicen en verso e ingenio), por más serio que uno quiera estar, es imposible. Se apagaron las luces del público, para iluminar al cuadrilátero al son de la música; con hielo seco, presentaron a los luchadores. Empezó el espectáculo
Lucharon El “Volador Jr.” Y el “Clon”, Vs. “El Angel de Oro” y “Daniel García”, el” Blue Panter “Vs. “Xelhua”, ¡Y otros más. Los nombres de los luchadores son originales, y van cambiando con las generaciones-. Con la fuerza, algunos caían al piso, y rodaban hasta mi asiento…yo gritaba, de emoción,
La lucha libre, Tiene sus orígenes en la “Lucha Grecorromana”, Grecia y Roma, una de las formas más antiguas de combate cuerpo a cuerpo. Esta disciplina deportiva, no me la perdía en los juegos olímpicos del México 68, apreciar la fuerza, la técnica y la estrategia, al aplicar una Llave, un Brazo Martillo, una Rusa, un Clinch, o hacer un Cruce de tobillos, o un Derribo frontal. No cualquiera. disfrutamos la función de la Arena Coliseo ¡Como nunca!: Gritamos, brincamos, reímos, aplaudimos, dejamos el estrés, y nuestros traumas, ¡Fuimos niños otra vez!. Amé la lucha libre, amé a mi Esposo, amo todo lo que enriquece a la cultura mexicana, fui feliz, y más cuando a la salida, me compraron mi máscara de “Púrpura Encendida”. …nunca olvidare esa noche en la Arena Coliseo, del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Y pensar que, al otro día, acudimos a un concierto de Música clásica contemporánea de compositores mexicanos en el Conservatorio Nacional de Música, ¡Guau!, esa es la Ciudad de México, una Ciudad de contrastes, pero eso es material, para otra historia.
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