5 Minutos con Pilar... Noches de Catedral

En tiempos de Semana Santa, les comparto una experiencia extraordinaria, les invito a viajar conmigo en el tiempo. Julio 2000. —“Cuñada, qué bueno que llegaste de Monclova, hoy en la noche, los invito a tu papá y a ti, a una visita guiada a la Catedral Metropolitana con actores que narrarán su historia, con música de la época. Y yo voy a participar. Soy fan de mi cuñado (esposo de mi hermana Marisol), Abraham Alvarado Vargas, concertista de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, él es especializado en piano, clavecín, órgano y acordeón. Siempre me invita a sus conciertos, tengo mil anécdotas.”
Abraham se fue a la entrada para músicos y actores, mientras nosotros nos quedamos en la sacristía, esperando a que se reuniera un grupo diverso para iniciar el recorrido. Lo conformaban desde la señora en limusina, abrigo de piel y collar de perlas, hasta un rabino con sombrero de copa alta, caireles, traje negro y maletín. Del metro Zócalo llegaron corriendo dos señoras más sencillas pero muy devotas, y un grupo de estudiantes de la UNAM. Entre todos ellos, mi queridísimo padre y yo, la de Monclova.
Nos guiaron a una puerta lateral, en donde nos recibió con incienso y a oscuras el sacristán de la catedral, vestido de negro con capa, a la usanza del periodo novohispano. Eran las 8 de la noche y empezó la aventura: —“Buenas noches, feligreses, bienvenidos a la Catedral Metropolitana de la Asunción de la Santísima Virgen María a los Cielos de la Ciudad de México, soy el guardián de este recinto. Síganme por favor.” Detrás de él, guiados por el aroma del incienso y la luz tenue de las velas, se escuchaban las voces del coro Melos Gloriae entonando motetes, del que fuera el primer maestro de capilla de la catedral, nacido en la Nueva España, de nombre Francisco López Capillas. Mientras él relataba: —“La Catedral Metropolitana de la Ciudad de México está construida sobre un terreno de origen místico. Fue la encrucijada de los cuatro puntos cardinales y la demarcación de los puntos de encuentro de los cuatro barrios originales de la antigua Tenochtitlán. Es, por tanto, el centro espiritual de la capital mexica.”
En ese momento, se escuchó el sonido de los caracoles y un huéhuetl, que recordaban a los antiguos pobladores de la gran Tenochtitlán.
La sensación era maravillosa, entre místico y surrealista, más cuando nos sentaron en el primer altar, que fue la primera Iglesia Mayor, construida en 1524 por Hernán Cortés con las mismas piedras de los templos indígenas destruidos. Pero luego fue insuficiente, por lo que tuvieron que ampliarla hasta como hoy la conocemos. El sacristán pidió que escucháramos y siguiéramos el recorrido con las torres de la catedral. ¿Las torres de la catedral? En eso aparecen, de cada lado de ese altar, dos mujeres en zancos, vestidas a la usanza del Virreinato, vestidos largos, ampones y cuello con olanes al estilo cervantino. Se presentaron: —“Somos las torres de la catedral, yo soy la torre derecha. Esta catedral tuvo su primera dedicación en 1656 a la Santísima Virgen de la Asunción, bajo el reinado de Felipe IV, y en 1787 inició la obra de nosotras, las torres y el campanario. Alcanzamos una altura de 67 metros y albergamos 35 campanas históricas que ofrecen vistas panorámicas del Zócalo y el Centro Histórico.”
—“Yo soy la torre izquierda. Nosotras formamos parte de la fachada principal y destacamos por nuestra arquitectura que combina estilos gótico, barroco, churrigueresco y neoclásico. En 1813, el arquitecto Manuel Tolsá concluyó nuestra construcción, la cúpula y la fachada. En el remate de la portada se encontraban las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. Reflejamos más de 250 años de construcción de este majestuoso templo. ¡Síganos, por favor!”
¿Se imaginan continuar el recorrido de la catedral, que poco a poco encendía sus luces a nuestro paso, detrás de esas dos gigantas? Era como un sueño. Mientras caminábamos y nos daban información, llegaba el sonido majestuoso de los dos órganos de catedral de más de 300 años: —“Este recinto histórico es la primera catedral que se construyó en América. Cabe recordar que el 21 de julio de 1822 se realizó la ceremonia de coronación de Agustín de Iturbide como emperador de México. Desde temprano sonaron las salvas de veinticuatro cañones, las tropas de caballería e infantería hicieron valla. Tres obispos oficiaron la misa. El presidente del Congreso colocó la corona a Agustín I, acto seguido el propio emperador ciñó la corona a la emperatriz.”
La música de órgano intensificó su sonido, uno de ellos interpretado por mi cuñado Abraham Alvarado, y el otro organista era Valentín Gascón, quien actualmente es el organista titular de la Iglesia de Notre Dame de Chatou en París, que se ubica en el barrio de Chatou. En ese ambiente excelso concluyó la visita, con lluvia de aplausos y hasta con lágrimas de emoción; fue una experiencia que jamás olvidaré.
Todos se retiraron, se apagaron las luces del interior de la catedral, solo pasaba la luz de las ventanas. Mi padre y yo nos quedamos dentro. ¿Se imaginan quedarse a oscuras, sin gente, ya en silencio, dentro de ese monumental edificio? Mi padre y yo nos dirigimos hacia uno de los órganos en los que estaba Abraham, quien nos permitió subir una escalera de madera hasta donde él se encontraba, como en un segundo piso. La catedral es el hogar de dos de los órganos más grandes del siglo XVIII en América; fueron terminados en 1736. La Gaceta de México del 23 de octubre de ese año informa lo siguiente: “Se hizo entrega de los dos suntuosos órganos de esta Metropolitana, y consta cada uno de primorosa y bien tallada caja de exquisitas maderas; tiene diecisiete varas de alto y once de ancho, consta de cinco fuelles de marca mayor, más de tres mil trescientas cincuenta flautas, con armoniosas mixturas de flautados, cornetas, trompetas, clarines, nazardos, ecos, tambores, campanas, cascabeles, violines, flautas, bajoncillos y todo lo demás que constituye un órgano con todos sus cabales.”
Es importante reconocer la idea de este extraordinario proyecto al sacerdote José de Jesús Aguilar, canónigo de la catedral y colaborador de TV Azteca, y la propuesta con la música en vivo de los dos órganos monumentales, restaurados por la aportación económica de la Fundación Alfredo Harp Helú. Si algún día escuchan un concierto de órgano dentro de una iglesia, capilla o catedral, recuerden por favor esta gran experiencia, que enriquece el espíritu y la fe.
Columna: Resistir/Existir/Palestina
24IMAGES, revista de cine de Quebec, dedica su número 215 al cine palestino. Ahora que el mundo, fascinado por otros conflictos, olvidó Palestina, la revista nos recuerda que el asalto a la cultura participa de la destrucción de un pueblo. Raphael Lemkin quiso introducir -- leer más
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